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Jeon Élorec [Mago-Piromante]

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Jeon Élorec [Mago-Piromante]

Mensaje  xavo el Lun Sep 27, 2010 3:49 pm

Nombre: Jeon Élorec

Raza: Humano

Clase: Mago

Alineamiento: Caótico bueno

Historia:

Nací en una antigua ciudad, ya no sé que fue de ella, oí que fue atacada, pero también había muchos otros rumores sobre el destino que sufrió Dalaran, la ciudad que me dio cobijo, enseñanzas, y una vida durante mi infancia, adolescencia y parte de mi adultez.

Nací de Labroth Élorec (mi padre) y Mary Liman (mi madre) en el seno de una familia de magos, no eran demasiado poderosos pero tampoco eran débiles usuarios de la magia.

Mi familia estudiaba las artes pirománticas desde hace varias generaciones, y por tanto yo iba a ser instruido en tales artes.

Cuando cumplí los 5 años de edad mi padre decidió comenzar mi instrucción como mago.

Por aquel entonces oía rumores de un mago traidor que había traído a seres de otro planeta y estaban atacando a los humanos del sur, no me preocupaba demasiado, la amenaza me parecía bastante lejana. Con el paso del tiempo también oí que aquel mago fue asesinado y después los guardianes de Tirisfal se disolvieron.

Conforme fui avanzando en mis estudios sobre la magia me convertí en un niño arrogante y descuidado con la magia. Esos dos defectos provocaron que hiciera un uso descontrolado de la magia, a menudo mi padre me advertía de los peligros de la magia, pero no le escuchaba y utilizaba la magia siempre y cuando tuviera ocasión.

Con el tiempo mi padre decidió que lo mejor sería que continuase mis estudios por libre, para así no estar limitado a los conocimientos de mi padre, y comencé a frecuentar las bibliotecas de Dalaran.

Al principio solo leía sobre magia, pero cuando entre en la adolescencia a veces leía sobre filosofía, historia, religiones y política, es decir diversos temas sobre el pensamiento en general, aunque también me gustaba la astronomía, y soñaba con algún día visitar alguno de los otros mundos que pueblan el universo.

Mi arrogancia y chulería crecieron en la adolescencia aunque por lo menos mi uso de la magia no era tan abusivo seguía utilizándola en la vida cotidiana (para encender mi pipa, cunado empecé a fumar, para crear agua o comida cuando me apeteciera, transportarme a la esquina de la calle para llegar antes a casa o a la biblioteca, etc).

Por aquel entonces descuidaba un poco mi cuerpo, no me preocupaba por estar fuerte, estar ágil o ser rápido. Consideraba más importante conocer la magia y por el simple hecho de ser un humano tenía más facilidad para el aprendizaje debido a mi corta vida, lo cual alimentaba mi arrogancia al ver que podía superar a magos viajeros de otras razas que venían a Dalaran para aprender magia.

Como todos los chavales de mi edad tuve amigos, recuerdo en especial a Todd Morlen, él era mayor que yo me sacaba 5 años, era un humano del sur que su familia huyó del reino de Stormwind cuando él solo era un niño de 12 años.

Los humanos que habían perdido sus hogares del sur en la primera guerra ahora planeaban recuperarlos, y mi amigo Todd con 17 años iba a ir a combatir, él no era mago, pero yo le prometí cubrirle las espaldas en el campo de batalla, por aquel entonces tenía yo 12 años.

Mi padre se opuso totalmente a ello, no me dejaría ir a la guerra con 12 años, y menos sabiendo lo arrogante que era, mi padre profetizaba que si combatía usaría la magia sin control y me creería poderoso, y entonces me confiaría y sería asesinado por un orco, es decir, mi padre consideraba que no estaba preparado mágicamente ni psíquicamente para ir a una guerra. No le faltaba razón.

Insistí mucho, como era típico de un adolescente inmaduro, mi padre no cedió.

Finalmente a mi padre le ofrecieron ir él a la guerra, mi padre iba a negarlo por tener una familia, pero decidió darme una lección.

-Así verás lo que es perder a alguien en una guerra y entenderás porque no quiero que combatas.-

Al día siguiente Todd, mi padre y muchos otros marcharon rumbo al sur para liberar el reino aliado.

Pasé unos meses malísimos, no podía concentrarme sabiendo que mi padre combatía allí, tenía miedo que la guerra se alargase tanto como la primera, leí que se alargó casi 4 años, aunque para el resto de razas no significara mucho tiempo para mi y para cualquier humano cuatro años supone casi la 20ª parte de nuestra vida y eso es bastante tiempo.

Por suerte se oyeron los rumores de que la guerra había terminado, los humanos de Stormwind habían recuperado su territorio.

Pensé que en breves mi padre llegaría a casa y que en un futuro era probable que viajara para reencontrarme con Todd, el era uno de mis mejores amigos.

Pero no fue así, recibí una carta de Todd, él no la había escrito, Todd no sabía escribir pero en el sobre ponía que era suya, supuse que alguien la había escrito por él. La carta decía así:

Hola Jeon,

Soy Todd, te escribo para comunicarte la difícil noticia de que tu padre murió en combate, fue un héroe no lo dudes, salvó muchas vidas dando la suya, pero te conozco bien así que sé que prefieres que no entre en detalles. Siento mucho la pérdida Todd, un hermano mío murió durante la primera guerra y se hace difícil de llevar, pero ambos somos fuertes, si yo lo pude superar tú también.

Yo he tenido mucha suerte en las batallas pero he visto cosas que no podré olvidar nunca. Quiero que sepas que en Stormwind siempre tendrás un amigo para lo que necesites.

PD: los restos de tu padre descansan en el cementerio de Villa Dorada por si algún día decides visitarlos.

Atentamente Todd Morlen.

Lamenté su pérdida y mi madre también, pero ya nada podíamos hacer para recuperarlo, mi padre Labroth se había ido para siempre.

Mi madre me ayudó a sobre llevar la situación con sus famosos tés que ayudaban a regular el estado de ánimo, allí me aficioné a beber té e incluso aprendí algo de botánica y alquimia para poder recoger yo las hojas y preparar yo los tés.

Mi arrogancia se apagó para siempre, me volví más humilde aunque seguía haciendo uso descontrolado de la magia, pero por lo menos ya no era chulesco y ya no me creía tan buen mago, ciertamente no era un buen mago.

Ya abandonada parte de la juventud conocí a Eliana Horwan, era una maga arcanista y una bella mujer humana de la que me enamoré, por suerte el amor fue correspondido, y puesto que ambas familias eran de una posición social parecida decidieron enlazarnos en matrimonio, así que nos casamos y nos fuimos a vivir juntos.

Cuando yo tenía unos 30 años de edad y mi mujer tenía unos 28 el destino bendijo nuestro hogar con una niña, aquella niña estaba predestinada a seguir el linaje familiar de los Élorec y convertirse en una maga piromántica con el paso del tiempo.

A esa niña la llamé Mary, en honor a mi madre que murió por causa natural días antes del nacimiento de mi hija, ella estaba incluso más ilusionada que yo con aquel bebe en camino pero desde la muerte de mi padre había envejecido muy rápido.

Pasaron pocos meses cuando La legión Ardiente atacó Dalaran y desató a sus demonios por la ciudad. Yo y mi mujer decidimos no arriesgar a nuestra hija y pensamos que lo mejor era abandonar la ciudad.

Cogí lo imprescindible para mí, libros, la pipa, un juego de té y poco más. Después me reuní con mi mujer que llevaba a mi hija en brazos y nos pusimos en camino para salir de la ciudad.

Pero uno de los esbirros de La Legión Ardiente golpeó a mi mujer y la tiró al suelo, el ser agarró y levantó al bebé por una pierna, supe que sus intenciones eran asesinarla, así que lleno de ira concentre el mayor hechizo de fuego que podía hacer, y lo lancé sobre el captor de mi hija, y este estalló en llamas, en ese momento me di cuenta de que mi hija también había sufrido por la inmensa bola de fuego, y además el esbirro la soltó en el aire y calló a plomo al suelo.

-¿Qué has hecho? ¡No te reconozco!-gritó mi mujer escandalizada.

-Lo siento no era mi intención… yo… yo… solo quería salvarla- alegué a mi defensa.

-Vete no quiero volver a verte…- y dicho esto se marcho dirección a la ciudad.

Dudé si seguirla o no, pero decidí marcharme.

Viajé hacia el sur, dirección Stormwind, quería visitar la tumba de mi padre antes de morir, además era mi único objetivo, no tenía ninguna intención de hacer otra cosa.

Durante mi viaje no utilicé la magia ni una sola vez, y viví de la mendicidad, aquel abuso de magia me había costado perder el autocontrol y me había costado además perder a mi hija y mi mujer, ya nada me quedaba. No utilizar la magia para siempre era lo único que yo creía que me calmaría el sufrimiento.

Como si en la tumba de mi padre me esperara la muerte hice el viaje lo más largo que pude, visité muchas aldeas y ciudades humanas y me establecí en algunas durante meses, viviendo como mendigo y meditando.

Finalmente llegué a Elwyn y visité su tumba, allí finalizaba mi viaje, después de eso me adentré al bosque, me dejé arrastrar por el sonido de una cascada. Al llegar allí me lavé la cara y vi mi reflejo, habían pasado 10 años desde la última vez que me vi reflejado en un espejo en Dalaran, ahora era totalmente distinto, tenía un aspecto terrible, un pelo enmarañado de color grisáceo tirando incluso a blanco además de una barba, que yo mismo recortaba siempre que tenía oportunidad, unas ropas maltrechas y una mochila viejísima. El pelo canoso contrastaba con el rostro, apenas tenía arrugas, solo una enorme desolación en los ojos y también un reflejo de impotencia y cansancio.

Al principio no me reconocí, pero era yo no había duda.

Cerré los ojos, y oí gritos a mi derecha, levanté la vista y corrí en esa dirección como arrastrado por una fuerza invisible. Conforme avanzaba los gritos se hacían más fuertes y nítidos, hasta que al final contemplé la escena: Un joven subido a un árbol pedía auxilio mientras bajo el árbol un lobo le acechaba rabioso.

Cargué una bola de fuego, pero apenas podía crear nada, al igual que los humanos tenemos una gran afinidad para el rápido aprendizaje, también tenemos afinidad para el rápido olvido. Y eso era lo que me sucedía. Me concentré y finalmente cree una bola de fuego pero de poca intensidad, la lancé contra el lobo. El lobo sobresaltado se giró hacía mí acto seguido le lancé otra bola de fuego con la misma intensidad que la primera, esto sirvió para advertir al lobo y producir que éste huyera.

Ayude a bajar al joven del árbol, me sentía rejuvenecer, haber ayudado a alguien hacía que me sintiera mejor. Llevé al joven al camino y después le acompañé hasta la ciudad de Stormwind. Allí comprendí que si ayudaba a la gente podía contrarrestar el daño que cause a mis seres queridos y a mí mismo en el pasado, allí en Stormwind tendría una segunda oportunidad. Decidí re-comenzar mi instrucción de magia piromántica, desde el principio aunque ahora solo la utilizaría como medio para hacer el bien, sabía que un futuro de luz podía eclipsar a un pasado de oscuridad.
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