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[Raza] Elfos de sangre

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[Raza] Elfos de sangre

Mensaje  Kratos el Miér Sep 01, 2010 9:08 pm

Sin'Dorei




Historia

Cerca de siete siglos antes de la Primera Guerra, los exiliados Altos Elfos desembarcaron en las costas de Lordaeron en busca de un nuevo hogar. Estos peregrinos venían liderados por Dath’Remar Sunstrider, cuyo nombre significa “el que camina de día”.

Apartados de las poderosas energías del Pozo de la Eternidad, y no más inmortales, muchos de los Altos Elfos se vieron expuestos a la intemperie durante su largo viaje. En adición a estas penurias, los elfos se vieron forzados a huir del sitio inicial de su asentamiento, Tirisfal Glades, debido a una maligna influencia que les empezaba a enloquecer en gran número.

Conforme avanzaban tierra adentro, los altos elfos entraron en conflicto con los astutos y barbáricos trolls de Zul’Aman, que controlaban gran parte de las tierras norteñas de Lordaeron. Finalmente los exiliados llegaron a una región de parajes arbolados que les recordaba mucho de su hogar original en Kalimdor. Los Elfos expulsaron a los trolls amani residentes y fundaron el reino de Quel’Thalas.

Usando un vial de agua sagrada robado del primer Pozo de la Eternidad, los Altos Elfos crearon una fuente de poder místico en un sitio en que convergían las poderosas energías que yacían en Quel’Thalas. Llamaron a la fuente El Pozo del Sol, y sus potentes magias arcanas fortalecieron a todos los altos elfos sobre Azeroth. Entonces, la ciudad de Silvermoon fue establecid. El poder de los Altos Elfos era tan grande, que encantaron el bosque aledaño para que permaneciera en eterna primavera.

Los Magos Elfos elaboraron monumentales Runas que colocaron en los bordes de Quel’thalas; estas enormes piedras creaban un escudo mágico con la intención de enmaascarar la magia elfa de fuerzas extradimensionales y así proteger su tierra de una invasión. La duramente ganada paz de Quel’Thalas duraría otros cuatro mil años.

Deseosos de venganza, los trolls Amani eventualmente se reunieron y lanzaron una viciosa campaña para destruir la civilización elfa para siempre. Los Altos elfos se vieron desesperadamente superados en número. El actual rey de Quel’Thalas, Anasterian Sunstrider, desesperado por hallar aliados para la guerra, entabló una relación de compañerismo con la nación humana de Arathor.

Los elfos tomaron a un pequeño número de humanos y les enseñaron la magia. Con estos nuevos magos y los ejércitos de Arathor, los altos elfos lograron destruir la base del poder de los trolls. El Imperio Amani nunca se recobraría de tal derrota.

Quel’thalas había sido salvada, y los altos elfos plegaron su lealtad y amistad a la nación de Arathor y a la línea real de su rey, Thoradin. Como resultado de la alianza entre Arathor y Quel’thalass, la nación de hechiceros de Dalaran fue formada, donde humanos y elfos podían estudiar magia por los años venideros.

Los aislados Elfos tomaron los incidentes de la Segunda Guerra con desinterés. Aún así, proveyeron a la Alianza de Lordaeron con algún soporte, pues el último descendiente del Rey Thoradin, Lord Anduin Lothar, comandaba las fuerzas militares de la Alianza. Los Altos Elfos no habían olvidado su deuda.

Entonces, la Horda reclutó a los Trolls Amani en sus filas. Seguidamente, la Horda incendió las frotneras de Quel’thalas y asesinó a muchos civiles altos elfos. Furiosos con esta destrucción sin sentido de vidas, los elfos decidieron poner todos sus recursos a disposición de la guerra.

Para el momento en que lograron rechazar a la Horda, los orcos y los trolls habían logrado su verdadero objetivo: robar y destruir muchas de las Piedras Runas que formaban el campo defensivo de los Elfos. El brujo Gul’dan las utlizó para dar poder a su profanador Altars de las Tormentas.

Aún así, la Alianza logró ganar la Segunda Guerra, y muchos de los orcos capturados fueron colocados en campos de internamiento. En la época subsiguiente, el costo de reconstruir fuer muy significativo, en especial adherido al costo de mantener los campos. Sin un enemigo común, las naciones humanas cayeron en disputas territoriales. Para poner las cosas peor, los elfos abandonaron abruptamente la Alianza, argumentando que el pobre liderazgo humano había motivado el incendio de sus bosques. Los Altos Elfos gradualmente se fueron apartando más y más de sus aliados humanos y enanos.

Aunque había derrotado a todo su pueblo y ahora los veía como enemigos, Arthas todavía era perseguido por el espíritu de Kel’Thuzad. El fantasma le dijo a Arthas que necesitaba revivir para la siguiente fase del plan del rey Lich. Para resucitarlo, Arthas debía llevar los restos de Ken’thuzad al místico Sunwell, escondido dentro del reino de Quel’Thalas.

Arthas y sus Azotes invadieron Quel’Thalas y sembraron terror entre las defensas de los elfos. Sylvanas Windrunner, el general de Silvermoon, resistió con firmeza, pero Arthas lo erradicó eventualmente y se introdujo en Sunwell. Con un cruel gesto de dominación, alzó el cuerpo de Sylvana y lo convirtió en un muerto al servicio del conquistador de Quel’Thalas.



Finalmente, Arthas sumergió los restos de Kel’Thuzad en las sagradas aguas de Sunwell. Aunque las poderosas aguas de Eternidad fueron engañadas por este acto, Kel’Thuzad renació como un hechicero muerto. Resurgido como un ser más poderoso, Kel’Thuzad explicó la próxima fase del plan del rey Lich. Para el tiempo en que Arthas y su ejército de muertos llegaran al sur, no quedaba ni un solo elfo vivo en todo Quel’Thalas. La gloriosa tierra de los elfos, que había permanecido durante más de novecientos años, no existía más.

Los elfos quedaron privados de lo que les proporcionaba la energía mágica ilimitada que utilizaban para mantener su modo de vida y la eterna juventud.

Los elfos tuvieron que aprender a extraer la energía de seres y objetos encantados para llenar aquel vacío dejado y sustentarse con ello, sin embargo, nada podía saciar por completo su sed de magia dado que no existía una fuente tan poderosa e ilimitada como la que perdieron. Algunos se abandonaron a su adicción y a su sed insaciable llegando a convertirse en seres decrépitos apenas si reconocibles como elfos que solo piensan en como obtener su próxima dosis de magia.

Los tiempos difíciles requieren medidas extremas, los elfos no solo fueron abandonados por humanos y enanos cuando fueron atacados por Arthas sino que además cuando llegaron no tuvieron consideración a la frágil situación a la que se veían sometidos sin el pozo del sol y tomaron las fuerzas que consideraron oportunas dejando que los que quedaban en retaguardia se las apañasen como pudieran para reconstruir y dar apoyo logistico al frente. Apremiado por la necesidad Kael Thas aceptó la extraña y repentina ayuda de los naga liderados por Lady Vashj. Poco después supo que Vashj anteriormente se había puesto a disposición de Illidan Stormrage quien los había liderado para encontrar un nuevo hogar y reivindicar la posición de los naga.

Viendo que sus antiguos aliados los habían abandonado a su suerte y que Illidan parecía conocer la manera de salvar a su gente de decadencia absoluta y la locura a merced de la sed de magia, tomó medidas drásticas y acepto aliarse con el y los naga, lanzándose a la conquista de los restos de lo que antaño se llamara Draenor para reclamarlo como su nuevo hogar.

Muchos, sin embargo, quedaron atrás, entre las ruinas del “reino eterno” luchando por conservar lo que pudieran tanto de su antiguo reino como de si mismos. Lord Theron y Rommath entre otros lideraron a los suyos para comenzar la limpieza de la corrupción del azote de sus bosques y para conservar la entereza de su raza frente a la sed.

Son tiempos difíciles para los elfos de sangre, se han visto repartidos en distintas alianzas y en ocasiones se encuentran enfrentados unos contra otros sin otra alternativa que matarse mutuamente. Sin embargo su compleja situación es fácil de resumir, ya que todos los elfos saben que solo se deben lealtad a si mismos. Puede que los tilden de amanerados, de traidores o de egocéntricos, pero lo cierto es que han sabido dejar a un lado su orgullo y altivez para aceptar la ayuda de aquellos que mejor puedan ayudarles en un momento crítico de su historia. En su lucha por la supervivencia no dudaran en ensuciarse las manos, ni se volverán a mirar atrás a los que se queden por el camino, se aferran a la vida con uñas y aunque no olvidan a quienes perdieron, saben que no tienen tiempo para llorarlos.



El Príncipe Kael’thas es el último de la línea real y miembro del concejo de magos de Dalaran, el Kirin Tor. Cuando el Pozo del Sol fue destruido, él se encontraba estudiando magia en Dalaran. Regresó para encontrar su patria en ruinas y mucha de su gente asesinada. Se dio cuenta de que todos los Altos Elfos supervivientes sufrían del mismo letargo, el cual se producía debido a la pérdida de su magia. Dispuesto a salvar lo que pudiera, Kael’thas reunió a los supervivientes y les bautizó como los sin’dorei, o Blood Elves, en honor a sus amados caídos por causa del Azote.

Sediento de venganza, el Príncipe Kael’thas y los más saludables de sus guerreros inmediatamente se unieron a la campaña contra el Azote en Lordaeron mientras Lor’themar y un ranger llamado Halduron Brigthwing permanecían en la retaguardia para buscar una cura para su pueblo.

En conjunto con las fuerzas de resistencia de la Alianza, Kael y su gente fueron tratados con insistente paranoia y hostilidad, particularmente por el prejuicioso humano Gran Mariscal Garithos. Garithos asignó a los Blood Elves inclementes misiones hasta que Kael se vio forzado a aceptar la ayuda de Lady Vashj y sus naga. Cuando Garithos descubrió que los Blood Elves estaban trabajando en conjunto con los Naga, sintió que sus propósitos habían sido violados. Encerró a los pocos soldados elfos en los calabozos de Dalaran y los sentenció a la ejecución.

Afortunadamente para Kael’thas, Lady Vashj llegó justo a tiempo para liberar a los prisioneros. Ella les guió hacia el portal que Kel’thuzad habìa dejado abierto durante la Tercera Guerra con el propósito de permitir a Archimonde penetrar en Azeroth. Kael y sus guerreros siguieron a los Naga dentro del portal y llegaron al reino de Outland. Allí, los elfos conocieron a un ser que era capaz de aliviar su dolorosa sed de magia: el demonio renegado Illidan Stormrage.

Muchos del grupo de Kael’thas decidieron permanecer en Outland, pero Rommath fue enviado de regreso con un mensaje de esperanza para los elfos que aún se encontraban en Quel’thalas. Rommath cumplió su misión: relatarles historias de una gloriosa tierra prometida, enseñarles las palabras de Illidan (enseñanzas que Rommath hábilmente atribuía al Príncipe Kael’thas), y plantar la noción de que Kael’thas volvería algún día a liderar a su pueblo a un paraíso. Desde entonces, Rommath permanece en Quel’thalas ayudando a reconstruir y esperar el regreso del príncipe.


Meses después, el traidor Dar’khan - ahora un poderoso agente del Azote - regresa a Quel’thalas. Allí, él combate contra el Avatar del Pozo del Sol, Anveena, y una banda de héroes ayudados por dragones azules. A pesar de los inmensos poderes que posee, Dar’khan es destruido al final. Bajo la estricta protección de Lor’themar y Halduron, Anveena ha decidido permanecer en la arruinada ciudad y empezar el proceso de renovación.

Solamente un puñado de individuos conoce que Anveena es en realidad el Avatar del Pozo del Sol. Lor’themar y su gente se aseguran de que este secreto esté muy bien guardado.

Mientras tanto, Rommath y la nueva orden de elfos magos han realizado grandes progresos en la enseñanza a sus hermanos acerca de cómo manipular las energías arcanas. Pronto, las espirales de Silvermoon rasgaran los cielos una vez más, fortalecidas por volátiles hechizos mágicos. Los Blood Elves han empezado a retomar porciones del Bosque de Eversong. Esperanzados en la promesa del regreso de Kael’thas, el sufrido pueblo del príncipe ahora se enfoca en retomar su fuerza y forjar un nuevo destino dentro de un futuro incierto.

Cerca de siete siglos antes de la Primera Guerra, los exiliados Altos Elfos desembarcaron en las costas de Lordaeron en busca de un nuevo hogar. Estos peregrinos venían liderados por Dath’Remar Sunstrider, cuyo nombre significa “el que camina de día”.

Apartados de las poderosas energías del Pozo de la Eternidad, y no más inmortales, muchos de los Altos Elfos se vieron expuestos a la intemperie durante su largo viaje. En adición a estas penurias, los elfos se vieron forzados a huir del sitio inicial de su asentamiento, Tirisfal Glades, debido a una maligna influencia que les empezaba a enloquecer en gran número.

Conforme avanzaban tierra adentro, los altos elfos entraron en conflicto con los astutos y barbáricos trolls de Zul’Aman, que controlaban gran parte de las tierras norteñas de Lordaeron. Finalmente los exiliados llegaron a una región de parajes arbolados que les recordaba mucho de su hogar original en Kalimdor. Los Elfos expulsaron a los trolls amani residentes y fundaron el reino de Quel’Thalas.

Usando un vial de agua sagrada robado del primer Pozo de la Eternidad, los Altos Elfos crearon una fuente de poder místico en un sitio en que convergían las poderosas energías que yacían en Quel’Thalas. Llamaron a la fuente El Pozo del Sol, y sus potentes magias arcanas fortalecieron a todos los altos elfos sobre Azeroth. Entonces, la ciudad de Silvermoon fue establecid. El poder de los Altos Elfos era tan grande, que encantaron el bosque aledaño para que permaneciera en eterna primavera.

Los Magos Elfos elaboraron monumentales Runas que colocaron en los bordes de Quel’thalas; estas enormes piedras creaban un escudo mágico con la intención de enmaascarar la magia elfa de fuerzas extradimensionales y así proteger su tierra de una invasión. La duramente ganada paz de Quel’Thalas duraría otros cuatro mil años.

Capítulo 2: Arathor y las Guerras Trolls.


Deseosos de venganza, los trolls Amani eventualmente se reunieron y lanzaron una viciosa campaña para destruir la civilización elfa para siempre. Los Altos elfos se vieron desesperadamente superados en número. El actual rey de Quel’Thalas, Anasterian Sunstrider, desesperado por hallar aliados para la guerra, entabló una relación de compañerismo con la nación humana de Arathor.

Los elfos tomaron a un pequeño número de humanos y les enseñaron la magia. Con estos nuevos magos y los ejércitos de Arathor, los altos elfos lograron destruir la base del poder de los trolls. El Imperio Amani nunca se recobraría de tal derrota.

Quel’thalas había sido salvada, y los altos elfos plegaron su lealtad y amistad a la nación de Arathor y a la línea real de su rey, Thoradin. Como resultado de la alianza entre Arathor y Quel’thalass, la nación de hechiceros de Dalaran fue formada, donde humanos y elfos podían estudiar magia por los años venideros.

Capítulo 3: La Segunda Guerra.


Los aislados Elfos tomaron los incidentes de la Segunda Guerra con desinterés. Aún así, proveyeron a la Alianza de Lordaeron con algún soporte, pues el último descendiente del Rey Thoradin, Lord Anduin Lothar, comandaba las fuerzas militares de la Alianza. Los Altos Elfos no habían olvidado su deuda.

Entonces, la Horda reclutó a los Trolls Amani en sus filas. Seguidamente, la Horda incendió las frotneras de Quel’thalas y asesinó a muchos civiles altos elfos. Furiosos con esta destrucción sin sentido de vidas, los elfos decidieron poner todos sus recursos a disposición de la guerra.

Para el momento en que lograron rechazar a la Horda, los orcos y los trolls habían logrado su verdadero objetivo: robar y destruir muchas de las Piedras Runas que formaban el campo defensivo de los Elfos. El brujo Gul’dan las utlizó para dar poder a su profanador Altars de las Tormentas.

Aún así, la Alianza logró ganar la Segunda Guerra, y muchos de los orcos capturados fueron colocados en campos de internamiento. En la época subsiguiente, el costo de reconstruir fuer muy significativo, en especial adherido al costo de mantener los campos. Sin un enemigo común, las naciones humanas cayeron en disputas territoriales. Para poner las cosas peor, los elfos abandonaron abruptamente la Alianza, argumentando que el pobre liderazgo humano había motivado el incendio de sus bosques. Los Altos Elfos gradualmente se fueron apartando más y más de sus aliados humanos y enanos.

Capítulo 4: La Tercera Guerra.


Aunque había derrotado a todo su pueblo y ahora los veía como enemigos, Arthas todavía era perseguido por el espíritu de Kel’Thuzad. El fantasma le dijo a Arthas que necesitaba revivir para la siguiente fase del plan del rey Lich. Para resucitarlo, Arthas debía llevar los restos de Ken’thuzad al místico Sunwell, escondido dentro del reino de Quel’Thalas.

Arthas y sus Azotes invadieron Quel’Thalas y sembraron terror entre las defensas de los elfos. Sylvanas Windrunner, el general de Silvermoon, resistió con firmeza, pero Arthas lo erradicó eventualmente y se introdujo en Sunwell. Con un cruel gesto de dominación, alzó el cuerpo de Sylvana y lo convirtió en un muerto al servicio del conquistador de Quel’Thalas.



Finalmente, Arthas sumergió los restos de Kel’Thuzad en las sagradas aguas de Sunwell. Aunque las poderosas aguas de Eternidad fueron engañadas por este acto, Kel’Thuzad renació como un hechicero muerto. Resurgido como un ser más poderoso, Kel’Thuzad explicó la próxima fase del plan del rey Lich. Para el tiempo en que Arthas y su ejército de muertos llegaran al sur, no quedaba ni un solo elfo vivo en todo Quel’Thalas. La gloriosa tierra de los elfos, que había permanecido durante más de novecientos años, no existía más.

Los elfos quedaron privados de lo que les proporcionaba la energía mágica ilimitada que utilizaban para mantener su modo de vida y la eterna juventud.

Los elfos tuvieron que aprender a extraer la energía de seres y objetos encantados para llenar aquel vacío dejado y sustentarse con ello, sin embargo, nada podía saciar por completo su sed de magia dado que no existía una fuente tan poderosa e ilimitada como la que perdieron. Algunos se abandonaron a su adicción y a su sed insaciable llegando a convertirse en seres decrépitos apenas si reconocibles como elfos que solo piensan en como obtener su próxima dosis de magia.

Los tiempos difíciles requieren medidas extremas, los elfos no solo fueron abandonados por humanos y enanos cuando fueron atacados por Arthas sino que además cuando llegaron no tuvieron consideración a la frágil situación a la que se veían sometidos sin el pozo del sol y tomaron las fuerzas que consideraron oportunas dejando que los que quedaban en retaguardia se las apañasen como pudieran para reconstruir y dar apoyo logistico al frente. Apremiado por la necesidad Kael Thas aceptó la extraña y repentina ayuda de los naga liderados por Lady Vashj. Poco después supo que Vashj anteriormente se había puesto a disposición de Illidan Stormrage quien los había liderado para encontrar un nuevo hogar y reivindicar la posición de los naga.

Viendo que sus antiguos aliados los habían abandonado a su suerte y que Illidan parecía conocer la manera de salvar a su gente de decadencia absoluta y la locura a merced de la sed de magia, tomó medidas drásticas y acepto aliarse con el y los naga, lanzándose a la conquista de los restos de lo que antaño se llamara Draenor para reclamarlo como su nuevo hogar.

Muchos, sin embargo, quedaron atrás, entre las ruinas del “reino eterno” luchando por conservar lo que pudieran tanto de su antiguo reino como de si mismos. Lord Theron y Rommath entre otros lideraron a los suyos para comenzar la limpieza de la corrupción del azote de sus bosques y para conservar la entereza de su raza frente a la sed.

Son tiempos difíciles para los elfos de sangre, se han visto repartidos en distintas alianzas y en ocasiones se encuentran enfrentados unos contra otros sin otra alternativa que matarse mutuamente. Sin embargo su compleja situación es fácil de resumir, ya que todos los elfos saben que solo se deben lealtad a si mismos. Puede que los tilden de amanerados, de traidores o de egocéntricos, pero lo cierto es que han sabido dejar a un lado su orgullo y altivez para aceptar la ayuda de aquellos que mejor puedan ayudarles en un momento crítico de su historia. En su lucha por la supervivencia no dudaran en ensuciarse las manos, ni se volverán a mirar atrás a los que se queden por el camino, se aferran a la vida con uñas y aunque no olvidan a quienes perdieron, saben que no tienen tiempo para llorarlos.


Capítulo 5. Apogeo de los Sin'Dorei.


El Príncipe Kael’thas es el último de la línea real y miembro del concejo de magos de Dalaran, el Kirin Tor. Cuando el Pozo del Sol fue destruido, él se encontraba estudiando magia en Dalaran. Regresó para encontrar su patria en ruinas y mucha de su gente asesinada. Se dio cuenta de que todos los Altos Elfos supervivientes sufrían del mismo letargo, el cual se producía debido a la pérdida de su magia. Dispuesto a salvar lo que pudiera, Kael’thas reunió a los supervivientes y les bautizó como los sin’dorei, o Blood Elves, en honor a sus amados caídos por causa del Azote.

Sediento de venganza, el Príncipe Kael’thas y los más saludables de sus guerreros inmediatamente se unieron a la campaña contra el Azote en Lordaeron mientras Lor’themar y un ranger llamado Halduron Brigthwing permanecían en la retaguardia para buscar una cura para su pueblo.

En conjunto con las fuerzas de resistencia de la Alianza, Kael y su gente fueron tratados con insistente paranoia y hostilidad, particularmente por el prejuicioso humano Gran Mariscal Garithos. Garithos asignó a los Blood Elves inclementes misiones hasta que Kael se vio forzado a aceptar la ayuda de Lady Vashj y sus naga. Cuando Garithos descubrió que los Blood Elves estaban trabajando en conjunto con los Naga, sintió que sus propósitos habían sido violados. Encerró a los pocos soldados elfos en los calabozos de Dalaran y los sentenció a la ejecución.

Afortunadamente para Kael’thas, Lady Vashj llegó justo a tiempo para liberar a los prisioneros. Ella les guió hacia el portal que Kel’thuzad habìa dejado abierto durante la Tercera Guerra con el propósito de permitir a Archimonde penetrar en Azeroth. Kael y sus guerreros siguieron a los Naga dentro del portal y llegaron al reino de Outland. Allí, los elfos conocieron a un ser que era capaz de aliviar su dolorosa sed de magia: el demonio renegado Illidan Stormrage.

Muchos del grupo de Kael’thas decidieron permanecer en Outland, pero Rommath fue enviado de regreso con un mensaje de esperanza para los elfos que aún se encontraban en Quel’thalas. Rommath cumplió su misión: relatarles historias de una gloriosa tierra prometida, enseñarles las palabras de Illidan (enseñanzas que Rommath hábilmente atribuía al Príncipe Kael’thas), y plantar la noción de que Kael’thas volvería algún día a liderar a su pueblo a un paraíso. Desde entonces, Rommath permanece en Quel’thalas ayudando a reconstruir y esperar el regreso del príncipe.

Capítulo 6. Reconstrucción.


Meses después, el traidor Dar’khan - ahora un poderoso agente del Azote - regresa a Quel’thalas. Allí, él combate contra el Avatar del Pozo del Sol, Anveena, y una banda de héroes ayudados por dragones azules. A pesar de los inmensos poderes que posee, Dar’khan es destruido al final. Bajo la estricta protección de Lor’themar y Halduron, Anveena ha decidido permanecer en la arruinada ciudad y empezar el proceso de renovación.

Solamente un puñado de individuos conoce que Anveena es en realidad el Avatar del Pozo del Sol. Lor’themar y su gente se aseguran de que este secreto esté muy bien guardado.

Mientras tanto, Rommath y la nueva orden de elfos magos han realizado grandes progresos en la enseñanza a sus hermanos acerca de cómo manipular las energías arcanas. Pronto, las espirales de Silvermoon rasgaran los cielos una vez más, fortalecidas por volátiles hechizos mágicos. Los Blood Elves han empezado a retomar porciones del Bosque de Eversong. Esperanzados en la promesa del regreso de Kael’thas, el sufrido pueblo del príncipe ahora se enfoca en retomar su fuerza y forjar un nuevo destino dentro de un futuro incierto.

Personajes destacados

Príncipe Kael’thas Sunstrider
Actual Señor de los Blood Elves, permanece en este momento en Outland.

Lor’themar Theron
Regente de Quel’Thalas, líder de los Blood Elves en Azeroth durante la ausencia del príncipe.

Halduron Brightwing
Ranger-General de Silvermoon, el comandante militar de los Blood Elves en Azeroth.

Gran Magistrado Rommath
Líder de todos los elfos magos de Azeroth y fiel sirviente del Príncipe Kael-

Lady Liadrin
Matriarca de los Caballeros de Sangre.

Voren'thal “El Vidente”
Líder de los Arúspices en Outland.

Embajador Sunsorrow
Embajador sin’dorei en territorio Forsaken.

Relaciones

Aunque odian a la mayoría de las razas, han empezado a aceptar a los Forsaken, al compartir los mismos objetivos. La Horda en Kalimdor reconoce a los elfos de sangre como peligrosos, volátiles y destructivos. Los orcos, trolls y tauren desconfían de los elfos de sangre, siendo la adicción de los altos elfos un juego de niños comparada a la de sus primos. La Horda puede notar el olor a magia corrupto que los llena. En particular, los orcos injurian a los elfos de sangre al observar como siguen el mismo camino y condena que siguieron los propios orcos. Los orcos perciben el olor demoníaco que desprenden, y saben cuanto puede cambiarlos. Los elfos de sangre desprecian a la Horda por su barbarismo, al rechazar el poder que tienen ante ellos. Especialmente, desprecian a los orcos, que podrían haber sido suficientemente fuertes para controlar el poder que los demonios les concedieron en vez de estar bajo su mando. Además, el hedor a magia fel de los elfos de sangre, ofende los sentidos espirituales de los elfos nocturnos y los tauren.

Los elfos de sangre se sienten traicionados por la Alianza, y son enemigos tanto de la humanidad como de los elfos nocturnos. Intentan atraer a los altos elfos restantes a su causa, un concepto que los altos elfos ven con horror y repulsión. Además, la existencia de los elfos de sangre demuestra la profunda corrupción que sufre su antes poderosa raza, y los altos elfos los ven como una terrible advertencia. Muchos altos elfos intentan enmendar las maldades de sus dementes primos.

Los elfos de sangre se relacionan con los naga, con quienes comparten herencia Altonata, y otras facciones independientes. No son bienvenidos en las tierras de la Alianza, siendo esta la representación de todo lo que odian los sin’dorei en este mundo. Los humanos dirigieron el Éxodo de Lordaeron, abandonando a los elfos de sangre para el Azote, y llevándose a los pocos altos elfos que aún quedaban. Los altos elfos son débiles; tienen el potencial para alcanzar el estado actual de los elfos de sangre, pero no abrazan el poder y carecen de importancia. Los elfos nocturnos son recordados como los elfos que los expulsaron de sus hogares hace mucho tiempo, y ese rencor aún está muy presente. Repudian a las demás razas por su mera representación de la Alianza; el amigo de mi enemigo es mi enemigo, según dicen. La Alianza cree que son peligrosos (y enloquecidos en muchos casos). Los conjuradores arcanos de la Alianza están de acuerdo en que los elfos de sangre han ido muy lejos en su búsqueda de poder, incluso los altos elfos temen la pérdida de compasión y autocontrol de sus antiguos congéneres. Los elfos de sangre no dan importancia a la Alianza, y la caída de esta facción es solo un punto más de su lista en cuanto purguen Lordaeron del Azote.

Los elfos de sangre consideran a los naga sus amigos y aliados. Las otras razas neutrales que les interesan son los goblins, los trolls oscuros y los trolls del bosque. Los goblins son los únicos mercaderes que venderían a los elfos de sangre sin prejuicios; su un mercader de la Horda o la Alianza permitiera a un sin’dorei echar un vistazo a su mercancía, aumentarían los precios drásticamente. Las tribus trolls a menudo tienen objetos o información valiosa para los elfos de sangre, y odian a los elfos nocturnos con casi la misma pasión. Normalmente, las razas independientes adoradoras de algún ente o poder divino se consideran débiles, mientras que las que permanecen neutrales son de poco interés.




Cultura

Los elfos de sangre visten túnicas de color carmesí, que demuestran su ardiente afiliación y son alegoría de la sangre de los elfos caídos en Quel’Thalas. Muchos se concentran en estudiar la magia arcana y piromántica, opuestas a la tradicional magia criomántica de su antigua sociedad quel’dorei.

La arquitectura sin’dorei es similar a la quel’dorei; creaciones sin soporte aparente, curvas y columnas increíbles, y diseños naturales, florales y animales. Sus fuentes desafían la física, creando o transportando el agua de maneras impensables. Los elfos de sangre ondean banderas con el símbolo del fénix. En la Tercera Guerra, los magos de sangre tenían la habilidad de llamar a estas criaturas desde el Plano Elemental del fuego. Están muy arraigadas a los elfos de sangre, posiblemente por compartir su naturaleza destructiva, o quizá por su composición mágica pura. Esto permite a los sin’dorei mantener un exquisito control sobre ellos. Que un fénix muera para renacer de sus cenizas, puede ser el símbolo de los elfos de sangre. Metafóricamente, los elfos de sangre murieron como altos elfos para renacer en lo que son.

Los elfos de sangre hablan Thalassiano y Común. Y han aprendido el idioma de sus nuevos aliados, el Orco.

Apariencia

Los elfos de sangre son físicamente idénticos a los altos elfos, salvo por la vestimenta oscura y rojiza que rememora sus terribles pérdidas. Muchos muestran runas y tatuajes extraños en sus rostros, brazos y hombros que los protegen de los demonios, para celebrar muertes significativas o simplemente para intimidar, algo que los altos elfos nunca harían. Además, muestran peinados que van en contra de las normas de la sociedad quel’dorei. Presentan los mismos cuerpos atléticos, largas orejas puntiagudas, sentidos agudizados, y visión aguda en la oscuridad. No obstante, cuando se acercan a poblaciones de la Alianza, suelen disfrazarse a menudo como altos elfos para evitar ser atacados. Los sin’dorei tienen una esperanza de vida similar a la de los altos elfos.


Aunque algunos creen que los sin’dorei y los quel’dorei son prácticamente la misma raza, separados únicamente por diferencias culturales y psicológicas, se ha determinado que han empezado a evolucionar en razas distintas, debido mayoritariamente al consumo de maná de fuentes demoníacas. Esta dependencia a la magia fel provoca que los ojos de los elfos de sangre brillen verdes con llamas demoníacas. Esta fuente de poder incluso tiende a dar a los elfos de sangre un tono de piel más pálido comparado al de sus primos quel’dorei.
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