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[Kal'dorei druida] Soren

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[Kal'dorei druida] Soren

Mensaje  Soren_fI el Vie Sep 03, 2010 7:30 pm

El anciano Soren Hoja Lunar

Nombre completo del personaje: Soren Hoja Lunar
Raza: Kal'dorei
Clase: Druida
Alineación: Neutral Bueno.
Historia:


Prólogo

- Anciano, ¿Que hacéis aquí? -Dijo el joven druida, preguntándose que debía hacer su hermano de misma raza a ésas horas de la noche despierto aún.

- Ishnu'dal'dieb -Respondió desde su lugar el anciano a modo de saludo, mientras se giraba hacia la voz, la cual respondió con las mismas palabras.- Me he quedado escribiendo y se me ha ido el tiempo volando. -Aclaró el anciano tras el saludo para responder la pregunta de aquél joven.

- Anciano... Si no es molestia, ¿Sobre que escribís? -Preguntó con algo de timidez juvenil.

- Escribía… -Decía el anciano con su tono calmado y pesimónico.- Sobre mi larga vida, demasiado larga creo a veces. –Respondió con una sonrisa afable aquél anciano druida para romper un poco el hielo entre él y aquél Kal’dorei de aspecto joven.

- Le ruego que me cuente su historia anciano, estoy seguro que se pueden aprender valiosas cosas de ella. -Dijo él, seguro con intención de aprender algo de un druida que había vivido tanto tiempo.

- Bueno, nunca es tarde ¿Para enseñar, o aprender no crees? -Dijo el anciano intentando que el joven reflexionara a cada palabra, pero al ver que éste no respondía y esperaba paciente, el anciano decidió proseguir.- Como todas las criaturas, yo también he tenido una infancia, debería hablar de ella, pues es la etapa que marca a las personas.

- Empiece por donde se sienta usted más cómodo, tengo todo el tiempo que Elune me pueda dar.-Dijo el joven ansioso por escuchar la vida de un verdadero anciano.

- Siéntate pues, hay mucho que puedes aprender de los que llaman ancianos. -Respondió con una sonrisa afable, que invitaba a los más hostiles a pacificarse y a los más curiosos a escuchar.

Capítulo I-Nacimiento e infancia:

Mi historia se remonta en una época primeriza para este mundo, nací hace ya más de 10,000 años… cuando Felwood era un lugar donde nuestro pueblo podía pasear con tranquilidad y sin peligro alguno, y nuestros bosques no eran talados ni explotados...
Tenía la piel de un morado oscuro y el cabello verde entre claro y oscuro. Mis ojos eran dorados, hecho que sorprendió mucho a mis padres puesto que muy pocos elfos tenían antaño este color que baña nuestros ojos. Aunque esos ojos que algunos consideraban un regalo fue una de las razones que me alejó de mi madre.

Oh mi madre, era una bella sacerdotisa y mi padre era un guerrero al servicio de nuestro pueblo, como muchos de mis hermanos. Él se llamaba Jareth y ella se llamaba Aeldana. Mi madre por aquél entonces servía al bello Santuario Esmeralda, que en aquellos tiempos lucía de su máxima esplendor.

Pasaba la mayor parte del tiempo con mi madre, aun así nunca estuvimos demasiado ligados en cuanto a costumbres, y aunque ella no era una apasionada, yo sentía gran admiración por la naturaleza. Pienso que esa cualidad me la transmitió mi padre, por el que yo siempre sentí un profundo amor y respeto.


-Anciano Soren, con el debido respeto. –Interrumpió el joven, distrayendo su concentración.- No entiendo el por qué de la distanciación que mencionas entre su madre y usted.

-Aigh… -Dejó ir el anciano a modo de suspiro.- Aguarda, la historia avanza a su ritmo, y pronto allarás las respuestas que te corroen. –Finalizó, dejando ir una suave risa, agradable al oído del joven Kal’dorei antes de proseguir.

En aquellos tiempos, la distancia entre nuestra raza empezó cuando los bien nacidos, o Quel’dorei, empezaron a desenvolupar una cierta afición a la magia arcana, y entre ellos mi madre. Claro está, como todos los Kal’dorei, sabía que los Quel’dorei nos traerían problemas, por mucho que la reina lo negara; diciendo que era el futuro y que había grandes planes con el poder arcano. Incluso mi madre quería arrastrarme, insistía en que la practicara, mas me negué, sabía que traería mal y mi padre me apoyó en ello.

Mi madre, al igual que Azshara, la adoraba, la magia arcana era su pasión, y por igual, también lo era de mis tíos maternos. Yo me daba cuenta de que algo en ella la atrapaba y que pronto empezaría a corromperla. Era magia con la que es mejor no jugar, podía sentirlo, aun mi corta edad, la cual era una edad muy joven en un elfo nocturno de aquella época, me daba cuenta con mis ojos de infante como mi madre cambiaba. Pero mis ojos de infante, además de cegarme con la dolorosa verdad sobre mi madre, también me hicieron despertar, por lo que empecé a sentir un algo por la naturaleza, y lo que ello conllevaba.

Era curioso como me podía pasar días enteros en el bosque, cosa que tanto me relajaba, me sentía en equilibrio con lo que me rodeaba. Muchas veces me he preguntado por que pasaba tanto tiempo en el bosque sin ser consciente del druidismo, mas era consciente de que la naturaleza era una parte de todos nosotros, tal vez decidí protegerla, y como consecuencia de eso hacía que me pasara tanto tiempo en bosques, lagos y aquello que la naturaleza me ofrecía. ¿O quizás no quería volver al caos que representaba mi hogar? ¿Quizás no quería estar con mi madre en ese caos violento? ¿Quizás lo único quería era estar en ese lugar?, quien sabe, simplemente estaba en el bosque.
"

- Entiendo anciano Soren, aunque...-Dijo el joven cortando el relato con delicadeza.- ¿Nadie te habló del druidismo y te juntaste al equilibrio?

- ¿Juntarme? -Respondió el Kal'dorei arqueando la ceja, pero acabando con una sonrisa de medio lado para darle una respuesta adecuada.- No joven, tenía la sensación de que debía protegerlo –Dijo el anciano para no aplastar la deducción- Escucha y aprenderás hermano.

"El tiempo pasó, y mi madre estaba cada vez menos en casa, cuando estaba se encerraba en su cuarto con sus libros y sus experimentos y cada vez nos hablaba menos a mi padre y a mi, y cuando lo hacía solo nos hablaba de la reina y de sus experimentos, todos ellos relacionados con la magia arcana.

Cada vez se ponía más pálida y yo creo que perdía cada vez más la razón. Se volvió adicta y obsesionada a esa magia. Para evadirme de esas situaciones, me perdía en los grandes bosques de nuestras tierras, ignorando el dolor que sentía mi madre y tanta gente de nuestro pueblo, para así no sentir más dolor aun yo.

Se supo al poco tiempo de la total locura de la reina cuando se rindió al inmenso poder de Sargeras, permitiendo al Destructor de mundos entrar en Azeroth junto a sus legiones, e incitando al pueblo Quel’dorei aceptar a Sargeras como dios. Los Kal’dorei no pudimos permitirlo, y estalló la guerra, la guerra de los ancestros.
Mi madre se había informado, y sabía del seguro que se iría con los mismos de su especie, el día antes recuerdo que tuvimos una conversación...

- Madre, la reina ha ido demasiado lejos, ¿No te das cuenta? -Dije intentando hacerla entrar en razón.

- ¡La reina es la más grande! –Respondió irritada.- ¡La reina todo lo sabe niñato! Es muy poderosa y ayudará a la raza a prosperar con ése portal.

- ¿No te das cuenta de lo que esa magia te ha echo? ¡Mírate madre! No dices tampoco nada coherente esto va a ser una guerra como no la has visto nunc...

- Estoy igual que siempre -Me cortó mi madre.- Pero tú no lo entiendes, eres muy joven… Eres rebelde, insensato, necio y joven. –Empezó a recitar insultos para dar más peso a su argumento.- La reina nunca haría algo que nos pusiera en peligro, ella nos ama, es la encarnación de Elune, no hay persona más sabia, ahora vete.

- ¿Como osas decir eso? -Dije sobresaltado.- Eso es blasfemia. Madre has perdido la cabeza, te has olvidado hasta de padre, ¿Por que no te das cuenta de como esta él? ¿No te importa?

- No digas Idioteces. - Dijo malhumorada ella, me cruzó la cara como si de su última palabra se tratara. Abrió un libro y me ignoró.

- Madre, con la fuerza y la magia se puede hacer someter un pueblo, pero es la inteligencia lo que nos hace hombres. -Dije, y me fui sin más, aunque tan siquiera le importó, pues estaba con su magia.

Yo ya estaba acostumbrado quizás a sus delirios, en fin.. Sabía que quejarme o reprochárselo habría sido inútil, así que decidí dejarla en paz. Me fui y ella se quedó practicando quién sabe qué con sus libros. Fui a hablar con mi padre, pero estaba tan preocupado por su amada y los atacas de la imparable legión que no pudo responder nada. Todo fue inútil.

Cogí unas pocas cosas, ropa y algo de comida, y me fui junto a muchos otros muchachos. Los Kal’dorei retrocedíamos ante el avance de la guardia apocalíptica, y esperabamos que Malfurion y Cenarius honraran a Elune y a nuestra propia raza, otorgándonos la victoria.
"

Capítulo II-Guerra de los ancestros

"Al día siguiente de mi ida hacia el sur de Kalimdor, mi madre desapareció, seguro que fue con mis tíos a unirse a Azshara, lo que yo tanto temía ocurrió por fin. Cuando yo era ya un adolescente, legiones empezaron a entrar en nuestro mudno, haciendo ya la guerra abierta en nuestros pueblos, Azshara y los Quel’dorei les apoyaron, y mis hermanos Kal’dorei y yo nos preparábamos para la guerra.

Ésas legiones de demonios sedientos de sangre arrasaban con todo, liderados por Archimonde, el Brujo, y Mannoroth, el Señor del Foso, ambos sirvientes de Sargeras, el titán oscuro. Aunque el último jamás consiguió pasar el portal.

Yo y otros elfos con afinidad a la naturaleza llevábamos ya un tiempo platicando junto la gente que había estado con Cenarius, y era un gozo hablar con alguien que había estado junto a él y había recibido sus consejos.

En esos tiempos, Malfurion desenvolupó los ojos dorados, de tanto entregarse a la naturaleza hecho que nos dejó a todos sorprendidos una vez más al desenvolupar ésos ojos, y dio esperanza a aquellos Kal’dorei que tenían ojos platinos. Se convirtió en el preferido de Cenarius, hijo de Elune, así convirtiéndose en Shan'do y gran líder de nuestra raza.

Llevábamos ya un año de guerra, horrible guerra, recibí noticias de mi padre, que estaba luchando al frente, seguía vivo, eso me alivió, y al poco tiempo se supo que Cenarius había invocado el Vuelo de Dragones, las dríadas y los guardianes ancianos, por fin se giraba la situación de nuestra parte y yo decidí buscar a mi padre, aunque fuera en el mismo combate,, junto a muchos otros jóvenes Kal’dorei buscamos caminos por los que la legión no había empezado su destrucción y cazadores, sacerdotisas y diversos hermanos nos informaban de la situación de la guerra durante nuestro camino, además de darnos de comer y alojamiento, también nos hablaban de los avances del druidismo, y del plan de Cenarius para cerrar la puerta a nuestro mundo con el objetivo de detener a Sargeras.

Ya cada vez más cerca del palacio de la reina, los heridos en combate nos informaron que muchos Kal’dorei habían ido al frente para acabar con la guerra de una vez por todas, debía encontrarme de nuevo con mi padre y saber si estaba vivo aún.

Oímos que Cenarius pretendía destruir el Pozo de la eternidad, pues es lo que proveía de energía a los demonios, pero no por ello nos horrorizamos menos; el pozo era la fuente de nuestra inmortalidad. Algunos de mis compañeros se quejaron, debido a la irritación que provoca un viaje tan largo y pesado, pero estabamos cerca, y la gran batalla ya había comenzado.

Los héroes de todo Kal’dorei de los tiempos pasados, Tyrande, Malfurion e Illidan, junto al semidiós Cenarius, decidieron que era la mejor opción, y dirigieron nuestros ejércitos a una. Cenarius era el más grande y sabio para mí, y si el decía que lo más conveniente era destruir el pozo, así se haría..

Se oía el forcejeo y la lucha de la gran batalla desde la lejanía. Guerreros, cazadores como mi padre, y sacerdotes/isas participaban en una lucha encarnada contra los demonios de la legión. Al mismo tiempo, Cenarius condujo a mis hermanos druidas al Sueño Esmeralda, por el cual accedieron al pozo, para así destruirlo. Y nuestro pequeño grupo se dio prisa para acerarse a la batalla sin correr demasiado peligro y retirar heridos para poder sanarles.

La batalla era cruenta, perdí de vista a muchos de mis compañeros y al poco tiempo me vi en medio de la batalla, con un baston cogido en mis dos manos y mirando a todas partas asegurando mi vida. Y de pronto, entre la multitud logré ver a mi madre, me quedé inmóvil viendo que luchaba contra los que la llamábamos madre, cariño o amiga.

No quería que le hiciera daño mis hermanos, así que fui e intenté detenerla. Me trabé en lucha con ella pero, el sitio era cerrado, y mis recientes artes druídicas eran muy leves, y más leves aún si estaba alejado del bosque, estaba perdido.

Desesperanzado ataqué, la ataqué con mi bastón, pero ella reía y esquivaba con facilidad, finalmente, decidí inmovilizarla con todas mis fuerzas, pero mi madre se rió burlona y me atacó con todas sus fuerzas.

Cuando yacía en el suelo, con apenas una visión borrosa, vi a mi madre, inmóvil que poco a poco se arrodillaba junto a mi cuerpo y lloraba en mi torso, poco después todo se volvió negro.

Al poco tiempo desperté, pude observar mi alrededor cadáveres y gente herida de gravedad, mi madre estaba a mi lado gritándome palabras que no conseguía entender, mas me levante y miré al frente, la presencié, la destrucción del pozo, el cual hizo una explosión y una piedra de las que salió disparadas me impactó, y caí al suelo adolorido y paralizado por el miedo de aquél gran estruendo, que incluso partió el gran continente en dos.
"

- Que honor presenciar ésa escena con sus propios ojos anciano. -Dijo el joven, maravillado por el relato.

- Si, la verdad es que me hubiera sentido mal no verlo. –Respondió como interlocutor y le dedicó una sonrisa al joven que parecía interesarle tantísimo todo sobre él.

"Cuando recuperé de nuevo la conciencia me dijeron que Cenarius y demás hermanos con dotes curativos se dedicaron a salvar a todos aquellos malheridos en el campo de batalla. Estaba en una playa, con mi madre y mi padre, me sentía feliz mientras observaba el beso en el que ambos se fundían.

Estuve un tiempo con mi familia, arreglando lo que era nuestro hogar, y cuando me sentí preparado, partí en busca de los maestros druídicos de los que se habían empezado a oír rumores. Cenarius instruyó a los Kal’dorei en el arte del druidismo, y yo no pude quedarme quieto, partí a ser instruido por esos grandes maestros.
"

- ¿Te enseñó directamente Cenarius? ¿Te hablaba a esa edad la naturaleza?

- No hermano no, no tuve ese honor, mas mis maestros eran grandes druidas que a la vez se instruían de Malfurion, y éste de Cenarius. Diría que la naturaleza me hablaba claramente, podía sentirla, no escucharla.

- Pero yo... Claro, entiendo, o eso creo. –Dijo bajando la mirada como si el anciano le pudiera reprochar.

- Escucha hermano, es largo relato el que te aguarda. -Dijo el anciano con su natural tono lleno de amabilidad.

"Un día partí hacia el mencionado Claro, donde pasé mucho tiempo, y yo seguía mejorando día a día, me gustaba defender la naturaleza tal y como la conocemos. Mis poderes naturales, de los cuales no abusaba, ni usaban si no lo pedía la situación, se mermaron tras la explosión del pozo. En aquellos tiempos, empecé a prepararme para las transformaciones, pero no estaba preparado.

El tiempo pasaba, a veces salía del sagrado Claro de la luna para pasar un tiempo con mis padres, con los cuales no recordaba una mejor época, y a mi edad de 3000 años aproximadamente, los Quel’dorei fueron exiliados.

Malfurion llamó a los druidas para instruirnos en el Sueño Esmeralda, en el que pasamos seis mil años, en total equilibrio con la naturaleza, en ese pacifico lugar donde aprendí muchísimo sobre el arte del druidismo. Puede que es la experiencia en la que más aprendí, y se lo agradezco a Ysera y a Malfurion por enseñarnos a entrar a ese maravilloso lugar.

Después de mi trance, me enteré de que los Kal’dorei abandonamos las artes arcanas, Illidan, el hermano de Malfurion, fue encerrado y se plantó el Árbol del Mundo, que nos dotó de nuevo de inmortalidad, aunque duró poco.
"

Capítulo III- Guerra de las Arenas Movedizas y Tercera Guerra:

- Hermano... Ésta última guerra fue una de las más sangrientas de las que he participado, muchos de mis amigos murieron en ella. -Dijo Soren dejando ir un suspiro que le salió del alma.

- Lamento tu pérdida anciano... –Respondió, lamentándose y sintiendo tristeza por lo que el anciano relataba sobre su pasado y el de su raza.- Sé lo que se siente, yo también he perdido a muchos de mis amigos en batallas.

- Es difícil de empezar... Te contaré un poco antes de la guerra. –Dijo el anciano, mesándose el bigote de forma pensativa en busca de un comienzo.

Mi amigo Aslogel, he hablado a poca gente sobre él...

En el Claro de la luna, después del sueño Esmeralda, conocí a un Kal’dorei druida con el que enlacé una gran amistad, los dos teníamos una gran conexión con la naturaleza y los dos éramos, claro está, druidas. Aslogel era un buen hombre, había luchado mucho para conseguir libertades de su pueblo y también se había esforzado mucho para ser un buen druida, siempre comentaba que deseaba una unión de todos los druidas en un "nuevo mundo", que vio una vez en sus sueños, donde vivirían todos los druidas en comunidad.

Era un buen sueño, un sueño que desearía que se cumpliera, pero era imposible, nuestras razas eran muy propias, pero jamás perdió la esperanza.

Aslogel, era un druida más experimentado que yo y fui entrenado por él. Era joven, y estaba ansioso por aprender y aprender, siempre le decía que quería transformarme cuando antes, pero siempre me pedía paciencia y me decía…

"- Escucha Soren, primero, te enseñaré a usar esto -Decía, y me daba un golpe en la frente con su dedo índice.- Y luego te enseñaré a usar... Esto -Decía a la vez que se transformaba en un gran oso, y con la misma maña que se transformaba, volvía a su forma original".

Fue un gran maestro y amigo, con el que hubiera ido al fin del mundo y con el cual inicié él como maestro y yo como pupilo una nueva estirpe de druidas, ya que dominábamos tanto el contacto con la naturaleza, debíamos usar algo que lo distinguiera, pero eso ya es un secreto de estirpe.

Así pues, nos juntamos en una gran amistad, hasta el punto de llamarnos hermano el uno al otro. No hermano de raza ni hermano de amistad, hermanos de sangre. Junto a mi maestro y amigo, aprendí lo que más caracteriza a los druidas, las transformaciones, largos años pasaron antes de dominarlas, y dominarlas sin convertirme en un feral, dominando el instinto, cosa que muchos de mis hermanos no consiguieron, y olvidaron que eran druidas para ser animales.

Mi maestro y mentor me concienció sobre ello, haciéndome tener un gran respeto hacia las transformaciones.

Durante un tiempo decidí relajarme un poco, así que me fui con mi familia, donde pasé una buena temporada hasta que un día entró de pronto Aslogel, cuando estábamos cenando, entró bruscamente a la casa, necesitaban efectivos para la guerra contra los silítidos, en la cual decidí participar. Muchos druidas, incluso los druidas de la garra participaron, despertados de su sueño animal por la sacerdotisa Tyrande.

Durante ésa vil guerra, nos enteramos que nuestros aliados humanos, entre otros, huían bajo las hilas del enemigo.

-¡Somos druidas, y guardaremos el equilibrio, ahora y siempre aunque conlleve nuestras vidas! –Era, para decirlo de alguna manera uno de nuestros gritos de guerra.


Como era de esperar, atacar y escondernos, atacar y escondernos, al final nuestros enemigos encontraron nuestro campamento, pero cogimos rápidamente nuestras armas para acabar con ellos. Sabe la diosa que, los druidas no necesitábamos más arma que nuestro bastón, ya que la naturaleza era nuestra arma y mejor aliado. Aslogel y yo luchábamos juntos y uno cubría al otro, éramos uno, luchábamos bien pero para cuando me dí cuenta, un jefe de esos silítidos, o al menos más grande que la mayoría, la tomó con Aslogel y unos druidas de su alrededor. Aslogel y los demás le combatieron con mucho valor, pero fue en vano, y mi amigo, maestro y hermano de sangre más que de raza, cayó al suelo, esperando una última estocada.

- ¡Hermano! -Grité yo de la manera que nos llamábamos el uno al otro- ¡No Noooo! -grité mientras me transformaba a toda prisa en oso.

Ataqué con ciega ira, justo lo contrario de lo que me enseñaron, y el gran silítido iba a acabar conmigo, pero Aslogel se levantó rápidamente y se interpuso en medio del ataque del insecto, el cual le amputó el brazo derecho y mi maestro y amigo cayó de nuevo.

Yo salté sobre el silítido destrozándolo, y otros druidas me apoyaron.

Aslogel estaba por morir, y no pude sanarle, pues no tenía conocimientos suficientes, además, que ante ojos de alguien sereno era algo imposible.

Del silítido quedaban apenas unos restos, yo me olvidé de la batalla y me arrodillé al lado del cuerpo moribundo de aquél al que yo llamaba hermano.

- Aslogel… Hermano… No me dejes sólo por favor, no me dejes... Te lo ruego, vivirás...

- Soren... ¿Eh-eres tu...? –Decía mientras me tocaba el rostro, pues su visión estaba nublada.

- Te salvarás, cuando acabe esto te sanaremos y volverás al Claro y estaremos de nuevo juntos disfrutando de la paz… -Dije yo, que me notaba latir el corazón a toda prisa.

- Jajaja, no Soren, no... Este es mi fin -Dijo con un hilo de voz, arrancándose con un último esfuerzo un collar que tenía ligado al cuello, entregándomelo en la palma de mi mano.

- Lo cuidaré bien. -Dije yo asintiendo.

- No es un recuerdo Soren… -Dijo él sonriente.- Dentro hay un dibujo de mi hijo... lo tuve hace tiempo, su madre murió al parto y yo soy lo único que... que... *cof-cof* -Tosió.- Que le queda.

- Pe... -Iba a decir yo, cuando la mano de Aslogel me tapó la boca con el único brazo que le quedaba.

- Enséñale todo lo que yo te he enseñado a ti, haz que sea un buen hombre… A hacer lo que es debido y...

- Yo… Me encargaré de él hermano. -Dije sollozando, sin ser capaz de contener las lágrimas.

- Prosigue nuestra estirpe, Soren Hoja Lunar... -Dijo Aslogel... Muriendo en mis brazos tras su último aliento con una sonrisa en los labios.

- Lo haré hermano mío… -Dije entre unas lágrimas que me fueron imposibles de contener, y entonces su mano dejó de apretarme.

Le cerré los ojos y le hice un funeral digno de un rey en el Claro de la luna, habíamos ganado la guerra, pero habíamos perdido mucho.


La muerte de Aslogel me fue motivo suficiente para aprender a sanar al prójimo, no quería que mi gente querida muriera, aunque era bien sabido de que formaba parte del equilibrio, lucharía para retrasar ese fatídico destino que nos aguarda a todos antes o después.

Pasaron 1000 años de paz, en los que aprendí todo lo que pude sobre medicina natural, y artes de sanación druídicas de grandes maestros; no dejaría que mis amigos murieran, aunque era algo imposible de evitar, lucharía por ello. Seguía instruyéndome en el druidismo, pues es un camino constante, y también me dí cuenta de la degradación de nuestros bosques, y sobre todo del bosque adolorido de Felwood, mi lugar de infancia, que ahora estaba aún más lleno de corrupción.

Durante esos años, también cuidé del hijo de mi hermano, al que le llamé Aslogel en honor a su padre. Cuidé del pequeño que siempre me llamaba tío hasta su edad adulta, que ya era un Kal’dorei responsable y agradable, como fue su padre.
"

- ¿Y que es de Aslogel? No sabía que usted tuviera hijos.

- Es una gran persona, aun que aún le queda muchísimo para aprender. Al igual que a mi. -Respondió el anciano sonriendo una vez más acompañándose de una risa que duró unos instantes.

- Le dejo seguir con tu historia anciano. -Dijo cuando se dio cuenta de que cortó el relato.

- Después de esos 1000 años de paz, estalló la tercera guerra, como bien sabes, yo iba a dar la vida por el Círculo Cenarion y la gloria de Elune si fuera necesario, pues “nosotros los druidas somos los protectores del equilibrio, ahora y siempre mientras Malfurion permanezca en el sueño”.

- Ésas palabras motivan al más cobarde. -Dijo el joven Kal’dorei al maestro que le hablaba.

- Como druida, decidí velar por el equilibrio, como sea. Aunque si te soy sincero, para ir a la guerra hubiera preferido adentrarme en el sueño, pero algunas cosas… -Dijo pausándose mientras su mirada se dirigía hacia el lago Elune'Ara desde la ventana- Horribles cosas hacen que los druidas tomemos las armas hermano. –Acabó el anciano antes de proseguir su relato.

"El mundo había cambiado, y la naturaleza a peor, lo que causó que sienta un poco mermados mis poderes, ¿Es que la naturaleza ha perdido fuerza? Aún así, no es escusa para no asistir a la guerra. ¿Más débil? Tampoco, pues mis hermanos druidas y Kal'dorei trabajaron para salvar los bosques de la corrupción pero aun quedan pequeñas y grandes mermas.

De nuevo, durante una guerra producida por Archimonde, que apenas duro unos meses, detuvimos la ascensión de Archimonde al Monte Hyjal, tarea que no fue sencilla, debido a las hordas de muertos vivientes y demonios que éste tenía a su servicio.
Valientes cazadoras y guerreras que empezaron a llamarse centinelas hacía ya muchos milenios, cuando dormíamos los druidas en el Sueño. Muchas de ellas amigas mías, amigas que murieron en ésa guerra, como muchos druidas e hijos de Cenarius.

Los humanos y los orcos fracasaron en su misión de detener a Archimonde, y yo estaba en una alianza entre esas dos razas, pero los elfos nocturnos no cesamos nuestra lucha, las razas novicias acostumbran a hacer cosas así, no he confiado nunca demasiado en ellas en excepción de algunos miembros particulares.

Pasados unos meses, Archimonde cayó y la guerra acabó, y de nuevo reinó la paz, aunque Malfurion estaba atrapado en el Sueño Esmeralda y Cenarius había muerto, físicamente al menos, pues su espíritu sigue vigilándonos y velando por nosotros desde el Sueño.


- Yo no acabo de confiar en las demás razas, en excepción de los tauren, aunque sólo los druidas.

- Yo creo que los humanos no tienen suficiente voluntad para liderar la alianza, se apegan mucho a la magia arcana, eso causará su perdición como casi lo hizo con nosotros, aunque hacen oídos sordos. Los enanos de Ironforge, los Wildhammer y los gnomos, son muy curiosos y no me agradan sus inventos ni sus armas, pienso que acaban con las antiguas tradiciones. Es máss, para serte sincero hermano, los draenei me intrigan, son una raza que debió enfrentar varias veces la ira de Archimonde y Kil'jaeden. Son completamente fieles a su religión y son enemigos ancestrales de los orcos, son muy valerosos y sus artes chamánicas se acercan bastante al druidismo.

- ¿Y la horda anciano? ¿No odias a la horda? –Preguntó el joven arqueando la ceja como si fuera lo más lógico del mundo.

- El odio no está hecho para los druidas. No es odio, simplemente no me gustan, o prefiero tenerlas muy lejos a las razas de la horda. Sinceramente, por culpa los orcos y no-Muertos hemos tenido muchas batallas y muertes en nuestra raza. Los orcos y los muertos causaron gran parte de la destrucción y la corrupción de los bosques, y los trolls son sus aliados incondicionales. Aunque no todo es negativo, están los tauren, que son una de las razas que más respeto, incluso más que algunas de las de la alianza, ya que también abrazan el druidismo y el chamanismo. Es una gran raza y actúa con sabiduría aunque estemos separados por un estandarte.

Aunque te parecerá raro, no odio los Quel'dorei, tan siquiera les tengo manía alguna, pues mi madre fue Quel'dorei y es una raza que ha sufrido mucho al igual que nosotros. Y eso me sabe mal, han intentado corregir sus errores pero les seguimos dando la espalda, será designio de Elune quizás.

- Hablas con la voz de la experiencia anciano, pero no coincido contigo a mucho pesar.

- Es posible y no te forzaré a ello. –Respondió el anciano, y puesto que tanto él mismo como el druida acólito estaban algo somnolientos y el relato llegaba a su fin, el anciano pidió dos zumos de melón- Actualmente sigo protegiendo nuestros bosques, pocas cosas me faltan aún por saber, pero mucho por descubrir - Le dijo con picardía- pues siempre se puede aprender algo nuevo.

- ¿Y que sucedió después? -Dijo el Kal’dorei, pues parecía curioso por acabar la historia.

- Tu ansia de saber no tiene fin, y esto te hará fuerte.- Dijo Soren y prosiguió.

"Al acabar la guerra, hice un corto peregrinaje en busca de la sabiduría por todas las tierras que formaban parte de los Kal'dorei, la alianza, y algunos poblados tauren que los druidas estamos bien vistos, e incluso, cuando era de noche, paseaba por tierras no demasiado amigables en busca de "esa planta" tan conocida, o esa especie... Pero al poco tiempo volví al Claro, donde me comunicaron de que mi padre estaba moribundo.

Había sido atacado por un grupo de demonios en Felwood, mientras volvía con mi madre del Santuario Esmeralda y estaba en cama, sin poder levantarse. Fui de inmediato a verlo y lo encontré tendido, junto a mi madre. Recuerdo lo que me dijo:

- Por la gracia de Elune... Has venido... -Dijo mirándome, con su rostro extremadamente cansado.- No podría estar más orgulloso de ti Soren -Siguió hablando sin dejarme tiempo para saludarle tan siquiera-. Siempre tuviste valor y defendiste tu raza con honor… Y y... -Empezó a decir, pero se quedó trabado por la dificultad que sentía al respirar.- Estoy por morir, pero no estés triste… siempre estaré en tu memoria… Ahora tienes derecho a lucir del gran apellido Hoja Lunar... Ahora ya siempre estaré conti...

- ¡Padre no!… Te curaré espera... -Dije rebuscando como un loco una medicina que no existía, pero cuando me di cuenta, como pasó con Aslogel, mi padre aflojó la mano y murió.- Padre... ¡No me dejes padre!

Mi madre que estaba inmóvil a los pies de la cama, cruzó la mirada conmigo; nos miramos, nos abrazamos y lloramos juntos. En ese momento, me sentí más cercano a ella que nunca.

Pasaron unos días de inquietud, no sabía si era tristeza u odio, tal vez las dos cosas, pero en todo caso me rendí al odio y de un ataque de ira fui hasta Frondavil, y comencé a atacar a todos esos malditos vestigios. Sin embargo eran demasiados y no tardé en encontrarme derrotado por éstos. Haciendo apelo de mis últimas fuerzas, salí a prisa, oculto entre las sombras.

Éste hecho me dejó profundamente débil y aprendí que no debía intentarlo de vuelta. La ira y la cólera no es acto de druida como decía mi maestro Aslogel ya hace muchos años.

Regresé a Moonglade, hicimos un pequeño homenaje a mi padre junto con otros druidas, guerreros, centinelas, cazadores y sacerdotisas. Fue un triste funeral, como todos al fin y al cabo.

Tras un tiempo de luto, ahora invierto mi tiempo en restaurar el bosque con mis compañeros druidas, es un trabajo costoso y algunas veces peligroso, pues las criaturas corrompidas podían infectar y no eran mansas precisamente. La naturaleza se ligaba más a mí, durante toda mi vida, cuando mayor me hacía, o quizás cuando más experiencia y conocimiento sobre ella tenía.

Junto a mis hermanos, mientras restaurábamos el bosque, he conocido en primera persona los destrozos que los orcos le habían hecho al bosque. Al ver a todos esos peones orcos talando, me invadió una ira ciega. Pero tuve que contenerme porque sabía que si atacaba, todos los grunts iban a venir a por mí, además si algo me había enseñado la edad es que la ira ciega no llevaba a ningún sitio, solo empeora las cosas. Aunque no pudiera atacarlos, era un gozo para mi pensar que tarde o temprano habría una de esas grandes cacerías, ya que es nuestra manera de vengarnos por la muerte de Cenarius.


- Una pena que Malfurion ya no esté para guiarnos. -Acto seguido de hablar, bajó la mirada.

- Hm... -Dijo el anciano simplemente tras un suspiro.- Era el archidruida más sabio que ha habido nunca, después de Cenarius. Ahora que hablamos de Malfurion…

"Respetaba mucho a Malfurion, por ello estuve totalmente desacuerdo cuando Fandral fue elegido como nuevo archidruida, yo y otros druidas lo denegamos, pues parecía rozar la locura.

Cuando fuimos informados de la plantación de un nuevo árbol para volver a tener la inmortalidad... Eso me sacó de quicio, ¿Cómo mis hermanos podían aceptar un archidruida así? ¿Y si volvía la legión ardiente? El archidruida, junto a muchos otros druidas invocó a los fuegos fatuos y con su fuerza surgió Teldrassil, aunque por gracia de Elune no atrajo la legión ardiente, pero tampoco nos devolvió inmortalidad como Ardrassil, pues si no son los sagrados dragones quienes lo hacen, poco pueden hacer los mortales.

Pasaron unos meses en los que yo reflexioné sobre Teldrassil… ¿Era ése el nuevo mundo del que hablaba Aslogel? Tal vez lo hubiera sido si el archidruida Malfurion estuviera presente, pues el archidruida Fandral no aprobaba los tauren como aliados.
Por suerte, mientras Rémulos formara importante cargo en el Círculo Cenarion, y los jóvenes druidas escucharan a los que nos llaman ancianos


- Fandral no podrá hacer nada a su libre albedrío -Finalizó el anciano dejando ir una risotada junto a su acompañante. Se levantó poco a poco y cogió su bastón milenario que tenía apoyado contra la pared.

- Yo… Yo haré lo mismo que usted anciano. -Dijo motivado el joven.

-Elune Adore hermano. - Se despidió con un tono de agotamiento en su faz y una sonrisa.

-Elune Adore anciano Soren… -Se inclinó el joven a modo de despedida, feliz por haber escuchado aquella historia, sobre druidas y sacerdotisas, sobre paz y guerra, pero sobre todo la historia de un anciano Kal’dorei.


Descripción Psíquica:
Amable, afable, generoso, amigable, tiene una simpatía que puede contrarrestarse con una seriedad interior muy bella. No odia, pero si puede guardar rencor a una persona en particular, nunca generalizando. Su confianza es difícil de ganar y difícil de volver a recuperar si la has perdido, pero en un principio puede tener buena fe con cualquiera.
Difícil de provocar. Buen maestro, paciente, buen orador, con espíritu de decisión.
No le gustan aquellos que dañan la naturaleza a voluntad o sin necesitad. Tiene una gran conexión a la naturaleza. Su objetivo es que los jóvenes druidas puedan aprender de los ancianos y de él incluso, si se da la ocasión instruirlos en el arte del equilibrio.

Descripción física:
Como es corriente en un Kal'dorei, tiene una estatura alta, orejas puntiagudas y ojos dorados. La edad no se refleja demasiado en él, en lo que sería el exterior.

No tiene ningún problema relacionado con la merma del cuerpo por la edad. Tiene el pelo verde claro y un bigote de igual color.

Soren_fI

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Re: [Kal'dorei druida] Soren

Mensaje  Soren_fI el Vie Sep 03, 2010 7:35 pm

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Soren_fI

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